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Una de las primeras mujeres filósofas con principios feministas fue Hiparquía , esposa de Crates de Tebas. Era miembro de la escuela cínica , por lo que se despojó de sus posesiones, familia y comportamiento acuerdo a la sociedad, dejó el rol tradicional dado a la mujer y comenzó a vestir ropa de hombre a modo de no seguir las tradiciones de la sociedad griega.

Teodoro el Ateo , que se reía de ella, le preguntó por qué no se dedicaba a las tareas propias de su sexo. Hiparquía, consciente de lo que podía haber de revolucionario en su actitud, le respondió: El detonante fue la publicación de la obra Vindicación de los derechos de la mujer , de Mary Wollstonecraft La segunda ola fue el feminismo liberal sufragista , centrado en el derecho al sufragio y a la educación.

Fue un interregno, después de las Guerras, con la llamada mística de la feminidad. En esta tercera ola sigue el feminismo, que es un internacionalismo, en la segunda década del siglo XXI.

Ahora bien, esta defensa no se ajusta completamente al concepto de feminismo nacido con la Ilustración, al feminismo moderno, que trasciende de la mera enumeración de agravios y entra en el terreno de la vindicación de la mujer y la crítica racionalista de las estructuras sociales.

Salvo excepciones, los principales autores varones de la Ilustración relegaron el papel de la mujer en la modernidad. Pero aquellos intentos fueron "brutalmente acallados", en la expresión de Amorós, como lo evidenció la prohibición de los clubes de mujeres y la ejecución de Olympe de Gouges. En el Imperio Español también hubo expresiones feministas ligadas a la Ilustración, como fue el caso de la actuación de Josefa Amar y Borbón en la Real Sociedad Aragonesa de los Amigos del País, defendiendo la equidad de las mujeres ante el hombre.

Una de sus obras disponibles actualmente en internet, es el Discurso en defensa del talento de las mujeres:. No contentos los hombres con haberse reservado, los empleos, las honras, las utilidades, en una palabra, todo lo que pueden animar su aplicación y desvelo, han despojado a las mugeres hasta de la complacencia que resulta de tener un entendimiento ilustrado.

Nacen, y se crían en la ignorancia absoluta: Entretanto no se haga causa a las mugeres, que sólo cuidan de adornar el cuerpo, porque ven que éste es el idolillo, a que ellos dedican sus inciensos. La segunda fase o primera ola del feminismo se refiere al movimiento feminista que se desarrolló en Inglaterra, Estados Unidos y otras partes del mundo como América Latina a lo largo del siglo XIX y principios del siglo XX. Originariamente, se concentró en la obtención de igualdad frente al varón en términos de derecho de propiedad e igual capacidad de obrar, así como la demanda de igualdad de derechos dentro del matrimonio.

A finales del siglo XIX, los esfuerzos se van a concentrar en la obtención de derechos políticos, en concreto el derecho al sufragio.

Un hito del feminismo es la Convención de Seneca Falls en Nueva York en el año , donde activistas y espectadores se reunieron en la primera convención por los derechos de la mujer en Estados Unidos, cuya declaración final fue firmada por unas mujeres. Al iniciarse el siglo XX aparecen en el Reino Unido las suffragettes , activistas por los derechos cívicos de las mujeres, en particular el derecho al sufragio.

El movimiento fue liderado por Emmeline Pankhurst y numerosas autoras y activistas, en su mayor parte de Estados Unidos e Reino Unido, que van a llevar el feminismo al terreno del activismo, especialmente en un contexto de vindicación de igualdad de derechos frente al estado.

Los acontecimientos históricos del momento, especialmente la abolición de la esclavitud, van a ser muy influyentes en el devenir del movimiento feminista, pudiendo encontrar una correlación entre la lucha por la abolición y la lucha por los derechos de la mujer: Las diferencias y características específicas de los problemas de la mujer negra junto con los de las mujeres obreras un grupo que va a comenzar a hacer aparición van a generar fricciones y problemas como por ejemplo, la incompatibilidad del modelo femenino de la mujer obrera con el de las pioneras del feminismo.

Autoras y activistas importantes de la primera ola del feminismo son: Instalada en Uruguay participó del movimiento que conquistó el derecho al sufragio para las mujeres primero de un país íberoamericano y el divorcio.

En , la edad para votar se equipara a la de los varones. Por su parte, en Estados Unidos, la Decimonovena Enmienda de otorga derecho al voto en todos los estados del país. Con la consecución de la igualdad de iure , la primera ola va a perder su razón de ser, tras un periodo de poca actividad en lo que a feminismo se refiere.

La rumana Sarmiza Bilcescu 27 de abril de de agosto de fue la primera mujer de Europa licenciada en derecho por la Universidad de París y fue la primera mujer en el mundo que consiguió un doctorado de Derecho, con una tesis titulada Sobre la condición jurídica de la madre , donde mostraba todas las contradicciones y la carencia de derechos de las mujeres y, muy especialmente, de las madres.

Elisa Leonida Zamfirescu fue la primera mujer ingeniero del mundo. Los directores de la Academia estaban situados ante una situación nueva: La Segunda Ola Feminista , del Movimiento de la Mujer o de liberación de la mujer hace referencia un período de actividad feminista que comienza a principios de los años y dura hasta los años 90 del siglo XX.

Así, constituye una paradoja para el feminismo. Termina en los años noventa con la llegada de la tercera ola, con caracteres posmodernos, que diversifica de forma radical el feminismo, tanto en sus visiones como en sus propuestas.

Feminismo de tercera ola es un término identificado con diversas ramas del feminismo cuyo activismo e investigación comienza en y se extiende hasta el presente. El movimiento surgió como una respuesta a los fallos percibidos en el llamado Feminismo de segunda ola: Esta corriente se aleja del esencialismo y las definiciones de feminidad, asumidas en ocasiones como universales y que sobre estimaban las experiencias de la clase media-alta de raza blanca norteamericana. El replanteamiento del feminismo de tercera ola se manifiesta por ejemplo en que algunas feministas de esta corriente tienen una percepción positiva de la sexualidad femenina y han replanteado las posturas ante el trabajo sexual o la pornografía de la segunda ola del feminismo.

Las feministas de tercera ola se centran en la "micropolítica" y desafían el concepto de lo que es bueno o malo para la mujer de la segunda ola. La tercera ola del feminismo surgió como respuesta a los fallos de la segunda ola, pero algunos acontecimientos marcaron el comienzo de esta corriente, como por ejemplo el caso de Anita Hill , una mujer que denunció por acoso sexual a Clarence Thomas, nominado para el Tribunal Supremo Norteamericano.

Thomas negó las acusaciones y tras extensas deliberaciones, el Senado de Estados Unidos votó 52 a 48 a favor de Thomas. El feminismo ha conllevado importantes cambios en parte del mundo; gracias a su influencia, en muchas sociedades las mujeres han logrado el acceso a la educación , el ejercicio del derecho al sufragio activo y pasivo , la protección de sus derechos sexuales y reproductivos —incluyendo, en algunos países, la interrupción voluntaria del embarazo — entre muchos otros que configuran la noción de ciudadanía en la democracia.

Y dicho esto, ahora debemos pensar en la prostitución como institución política. Sabiendo esto vamos a debatir las consecuencias para las mujeres para las prostitutas y para las no prostitutas de la regulación, vamos a estudiar las consecuencias que ha tenido históricamente estas regulaciones, vamos a estudiar sin prejuicios las diferentes regulaciones que ya existen y también vamos a plantear alternativas a la legitimación de una institución creada por el patriarcado para contribuir a la dominación de las mujeres.

Y vamos a debatir también cómo mejorar las vidas de estas mujeres, cómo defender sus derechos, como luchar contra el estigma.

La prostitución es una institución fundamental en el orden de género y, como tal, afecta a todas las mujeres por lo que como feministas es una cuestión que nos importa y nos tiene que importar. Pero el debate, sea cual sea, tiene que hacerse con ellas, por supuesto, con las mujeres que se dedican o que se han dedicado a esta actividad. El regulacionismo nos acusa de no escuchar a las prostitutas, lo cual tampoco es verdad, como he tenido ocasión de comprobar en este año.

Aunque es cierto que cada sector del debate tiende a ignorar las voces de aquellas prostitutas que no les dan la razón, lo cierto es que es una gran parte del sector abolicionista ha ido variando y matizando su postura inicial desde la defensa de la criminalización de la actividad hasta las posturas actuales de no intervención legal en la propia transacción económica aunque sí en la cultura de la prostitución ; este cambio de postura se ha producido debido en gran medida al trabajo con prostitutas que no quieren abandonar su actividad.

El regulacionismo no quiere escuchar a ninguna prostituta que no diga lo que quieren escuchar y desprecia así muchas experiencias de sufrimiento. Pues al parecer sólo si éstas dicen lo que las regulacionistas quieren oír porque si son mujeres que manifiestan haber sido raptadas, violadas, torturadas, golpeadas y obligadas a prostituirse contra su voluntad, entonces el regulacionismo suele manifestar cierto desdén hacia estos testimonios; hace lo posible por minimizarlos.

Fue muy importante para mí conocer a activistas prostitutas fuertemente contrarias a cualquier regulación con argumentos ofrecidos desde su experiencia y que tampoco escucha el regulacionismo. Obviamente sí, pero a todas. Deberíamos debatir también sobre el papel que juega la mega industria de la prostitución en el capitalismo global; sobre qué significa que la mercantilización de todo haya llegado plenamente al cuerpo: Mi convicción es que hoy es una institución muy distinta a la que era hace 50, o años porque es una institución con un gran poder de adaptación.

Y esto no desdice ni contradice el derecho de cada una a hacer lo que quiera, a intentar huir de la pobreza como pueda, a ganarse la vida como quiera o pueda. El feminismo es radical en su esencia, y quien se sienta amenazado por ello es porque teme perder sus privilegios de género, injustamente habidos.

Debo admitir que me gusta por inclusivo. Eres o no eres feminista. Pero imagino que quienes nos lo dicen como crítica se refieren al totalitario que viene del totalitarismo, sobre todo por la carga emocional con la que te lo sueltan.

Tampoco existe el derecho a disentir, a opinar libremente o a intervenir en la vida política del país ni a formar organizaciones o movimientos políticos alternativos al partido de gobierno. Veamos ahora el concepto de Feminismo: Como movimiento de transformación de la sociedad, el feminismo cuestiona las relaciones entre la sexualidad como género y el poder social, económico y político.

Al revisar la historia, las feministas consideramos que el patriarcado ha sido negativo para la sociedad , que las mujeres hemos sido sometidas a la voluntad del hombre, y que todo ello tiene que cambiar.

En , esta lucha ha sido incluida en los Objetivos de Desarrollo Sostenible: Este reconocimiento de tan prestigioso Organismo mundial no sería posible si el feminismo pretendiera acabar con las libertades e imponerle a la otra mitad de la población su manera de ver el mundo, como sí ha ocurrido al contrario, por cierto. Desde el feminismo se busca el respeto a las diferencias individuales y de género , cuidando que estas no se conviertan en desigualdades.

Defiende el derecho a opinar libremente, tanto de hombres como mujeres, a decidir lo que es mejor para la vida de cada quien, sin que nadie dictamine lo que debe o no esperar de la vida por su género. El feminismo desea que hombres y mujeres gobiernen en paridad , desea compartir espacios y beneficios sin que estos vengan con nombre y apellido de macho desde el nacimiento.

Totalitarios son los que arreglan matrimonios infantiles y obligan a niñas a casarse con viejos. Es mutilar genitales de niñas porque ellas no nacieron para sentir placer, privilegio reservado para los hombres.

Es someter a las mujeres a la trata humana, a la prostitución, a los vientres de alquiler, la pornografía, al uso sexual y cosificación de nuestros cuerpos. Es dictaminar cómo las mujeres debemos vestir, movernos, hablar, pensar.

Es dejar a las niñas sin educación porque son ciudadanas de segunda. Es decidir que el lenguaje genérico es masculino porque sí, sin que nos nombren. Es satanizar, trivializar, banalizar, ridiculizar todo lo que venga de la opinión feminista con su propaganda machista. Eso sí es totalitarismo, y contra todo nos defendemos para convencer a muchos y muchas que otra forma de sociedad puede ser posible y mejor. Pensar que feminismo es igual a totalitarismo es producto de la ignorancia y desconocimiento de lo que la agenda feminista propone a la sociedad.

Las opiniones emitidas en esta sección son de la entera responsabilidad de sus autores. You must be logged in to post a comment. Susana Reina feminismoinc Psicóloga. Leave a Reply Cancel reply You must be logged in to post a comment. Consultado el 28 July Si bien logró el apoyo de la mayoría, se oyeron algunas voces de disenso.

Instituto de la Mujer. Permite ver las noticias en menos de un segundo. Ediciones anteriores Suscríbete a nuestro boletín Contacto. Videos x prostitutas prostitutas polacas reivindicación es un hecho histórico, que fue influido por la evolución constante de las relaciones sociales. Miércoles 28 de Febrero de Desmontar la creencia de que la biología determina la condición femenina o masculinaafirmando su naturaleza social es uno de los principales objetivos de la teoría de género.

Si se piensa que el trabajo sexual no puede ser reconocido como trabajo porque se llega por una necesidad, y que por eso hay que abolirlo, entonces hay que abolir el sistema. De Wikipedia, la enciclopedia libre. El nuevo debut de Javier Saviola: Publicado el 14 de diciembre de por Dikastis. España, Madrid - Hace un año que publiqué mi libro sobre la prostitución. Pensaba que la incomprensión entre las dos partes se debía a un debate mal planteado en el que siempre terminaban imponiéndose soluciones antifeministas.

Desde mi punto de vista, hay críticas fundadas que hacerle: Esperaba que el debate posterior a la publicación de mi libro me ayudase a definir mejor mi propia posición puesto que yo misma estaba llena de dudas. Durante los cuatro años que duró el estudio previo a la redacción del libro leí casi todo lo escrito sobre prostitución y después de la publicación, en este año, he dado charlas, conferencias, cursos; he escrito artículos, he participado en debates con todo tipo de personas relacionadas con la prostitución de una manera u otra.

Finalmente es verdad que el debate suscitado por la publicación del libro me ha ayudado a matizar algunas posiciones y a fijar otras, pero lo ha hecho al contrario de lo que esperaba y, en contra de lo que escribí antes de estudiar a fondo la cuestión, ahora pienso que el debate entre las posiciones regulacionistas y abolicionistas sí es irreductible y me temo que lo va a seguir siendo. En cambio, por el lado regulacionista me he encontrado con que el argumento fuerte es un discurso insultante contra toda la que mantenga posturas contrarias.

Gracias a la publicación de mi libro he tenido ocasión de conocer a muchas personas, hombres y mujeres, que desde lo que se conoce como abolicionismo, trabajan y militan en asociaciones que a su vez trabajan directamente con prostitutas. Estos grupos trabajan activamente porque estas mujeres vean reconocidos sus derechos, uno de los cuales es prostituirse si esa es, por las razones que sean, su elección; aunque sí, se oponen a la regulación con argumentos razonables que todas las feministas deberíamos ser capaces de discutir.

La imagen del abolicionismo como un sector del feminismo moralmente conservador, que pretende criminalizar a las prostitutas, que no habla con ellas ni las respeta, es una imagen interesadamente sesgada y que no es cierta.

Es cierto que existe este abolicionismo que no ha cambiado su discurso en décadas y hace un flaco favor a su causa cuando se empeña en seguir centrando el debate en la cuestión del consentimiento, si es o no un trabajo o si la prostitución es siempre violencia. Esas no son las cuestiones fundamentales, a mi entender. Pero lo cierto es que ni las asociaciones que trabajan con prostitutas, ni muchas investigadoras o teóricas, siguen ya por ese camino.

Cualquiera que haya hablado con prostitutas sabe que la prostitución puede ser elegida entre otras opciones; que dicha elección no siempre es producto de la violencia ni se mantiene con violencia, y que algunas personas que se dedican a dicha actividad la consideran su trabajo.