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A N le intrigaban mi sinceridad y mi franqueza. A diferencia de otros clientes horribles, no me trata con condescendencia por mi educación o mi edad. Uno de mis favoritos es K, al que le gusta llevar la batuta en nuestros encuentros sexuales. Con el tiempo me he sentido cómoda como para sugerirle cosas nuevas. Siempre tengo la sensación de que mi relación con K evoluciona, no solo profesionalmente, sino como amistad.

Mis mejores servicios han sido con clientes que parecen disfrutar el tiempo que pasan conmigo, no solo por mi aspecto o la calidad del servicio, sino también por mi forma de ser. Siempre son bienvenidos los clientes limpios, puntuales, que respetan mis límites profesionales y personales y que me pagan bien. Pero lo que los convierte en favoritos es el hecho de que nos gustemos mutuamente como personas.

Cordelia, 26 años, Londres. Son los que me envían fotos de sus mascotas, no de sus pollas, y los que respetan mi intimidad como yo respeto la suya. Mis clientes preferidos entienden que cuando cancelo una cita es porque soy humana y tengo un problema de salud o una emergencia familiar. Mis clientes favoritos son joviales, generosos, limpios y respetuosos.

Algunos de mis clientes estrella incluso me presentan a sus parejas y me regalan sesiones para hacerme feliz. Para mí eso es un gesto muy feminista, indica que las mujeres merecen el mismo placer por el que suelen pagar los hombres. Hay que señalar que los clientes que tengo no son todos hombres con pareja. Se pagan su copa cuatro o cinco veces mayor que en cualquier discoteca y se van a casa.

En despedidas de soltero, cumpleaños o simplemente por tocar las narices al amigo feo o gordo, muchos ponen un bote para pagarle a una puta por subir con él. He visto esos shows a patadas. Les gusta, les parece que queda bien. En realidad, lo que hacen es hundir su honorabilidad e insultar al resto de clientes. Muchos, acaban teniendo bronca y son expulsados del club. No se puede aguantar todo de todo el mundo. Le conozco desde hace seis años, me lo tropiezo en casi todos los sitios.

Cuando decidí escribir este libro me ofreció su teléfono para hablarme de todas las chicas que ha conocido durante su vida. Lleva saliendo de putas todos los fines de semana desde que tenía 21 años, ahora tiene Al principio sabía lo que era estar en un salón y no subir nunca a las habitaciones, eso le hizo el blanco perfecto para todas ellas.

Toma siempre un café cortado o una cocacola. Lleva una gorra y le faltan tres dientes. No tiene barba, no le sale. No aparenta la edad que tiene ni por asomo. Al verle, la sombra de Peter Pan se pasea por la estancia. Es de los pocos que pueden decir que tienen un sitio asignado en el club. De los que, si quieren y sin asumir un coste extra, pueden quedarse a dormir solos o acompañados.

Se gasta, aproximadamente, euros al mes en putas. Nunca ha tenido novia. Estaba sentado en la barra del bar, mirando a los chavales que jugaban al billar al fondo y ella se acercó y le pidió que le invitara a una copa. Le hipnotizaron sus ojos verdes y las pecas que los adornaban. Y esa sonrisa siempre cosida a los labios.

Aquellos ojos seguían sin separarse de los suyos. La tomó de la mano y encauzaron el pasillo hasta recepción. También había pagado por aquello. Ni siquiera recuerda los detalles, ni el nombre de esa puta. Ella se desabrochó el top que llevaba amarrado al cuello y dejó al descubierto sus grandes pechos y el lunar bajo el pezón derecho que le llamaba a gritos. Le pasó la mano por el pelo mientras se quitaba la falda de cuero con un leve movimiento de cadera y le besó dulcemente los labios.

Se introdujo completamente bajo el chorro de agua -algo que no suelen hacer las chicas, no es muy frecuente que se mojen el pelo para estar con un cliente- y le llamó con los dedos. José terminó de desnudarse y la acompañó en la ducha. Sentía sus pechos resbalar contra su piel, barnizados por el calor del agua. Cogió en su mano una gota de gel de baño y comenzó a frotarlos lentamente, mientras la miraba fijamente a los ojos. Ella le devolvía la mirada y aleteaba sus pestañas con cada giro de aquellos dedos tropezando en sus pezones.

Y continuó mordiendo cada centímetro de piel que encontraba a su paso hasta tropezar con el miembro erguido. Sabía que había pagado por todo lo que había conseguido en aquella habitación, pero no había dinero en el mundo que comprara lo especial que le había hecho sentir cada segundo que había pasado a su lado.

Una vez terminada la ducha, con sexo oral incluido, se secaron y tumbaron en la cama a hablar. José le habló de su trabajo, ella le habló del suyo. Obrero de la construcción frente a prostituta. Hombre frente a mujer desnudos en una habitación gris. Pidieron un par de cervezas y se las bebieron calmadamente. Ella le contó que de pequeña quería ser abogada. Él había soñado con ser pintor de pincel fino y terminó siéndolo de brocha gorda.

Doce años después, sigue sin poder mirarla a los ojos sin desearla desnuda entre sus brazos. Haciendo croquetas en casa y con dos zagales pegados a cada pierna.

prostitutas con clientes prostitutas telefono He visto esos shows a patadas. Es muy rara la prostituta que no haya hecho varias veces estos dos servicios. Siempre tengo la sensación de que mi relación con K evoluciona, no solo profesionalmente, sino como amistad. Vídeo Lluvia en Madrid: Yo soy un chico joven, en buen forma que tengo la gran fantasía de mi vida es sólo que me mires masturbarme. Recordamos el caso de un varón expresamente católico, de unos 30 años de edad, con un nivel económico cómodo, que nos contaba que usaba los servicios de prostitutas en ocasiones.